Conversación: La indumentaria como piel social

Tangencia es un proyecto creado en conjunto por Fundación IDA y Fundación Medifé que propone un diálogo alrededor de las ideas, la materialidad, las experiencias y el saber a partir del diseño. El primer eje es diseño y felicidad. Cuenta con una cápsula de exhibición de vidriera y con un ciclo de charlas. Entre las cuales se llevó a cabo “La indumentaria como piel social. El diseño entre la función y la emoción”. Estuvo moderada por el diseñador a cargo de indumentaria y textil de Sebastián Rodriguez (IDA) y contó con un panel conformado por la socióloga Daniela Lucena, la periodista Lorena Pérez y la diseñadora Vero Ivaldi. “Vamos abordar dos líneas de investigación que forman parte de la estructura general del área: la contracultura de los 80 y la escena del under porteño; y la profesionalización del diseño de indumentaria y cómo eso impacta en la identidad de los proyectos”, sostuvo Rodriguez al inicio.

La primera en disertar fue Daniela Lucena. Comenzó por los años 80, los últimos años de la dictadura y el retorno de la democracia. Ahondó en el pensamiento de personajes de la escena del rock argentino y describió la dinámica de espacios del under porteño como Cemento, Palladium y el bar Bolivia. “En estas guaridas de los 80 y 90 es posible identificar prácticas del vestir novedosas, que iban a contrapelo de lo establecido. Hay varias experiencias. El primero que me interesa traer es a Federico Moura, líder del grupo Virus, que tuvo sus locales de ropa: Limbo y Mambo”. Detalló aquello que diferenció a Moura: su androginia, su vestir ambiguo y el uso de maquillaje. “Era un hombre que en los 80 reivindicaba el arreglo, el cuidado, la moda; todavía en esos años era algo que estaba muy confinado al ámbito de lo femenino”.

Luego habló de la experiencia de Las Inalámbricas. “Ana Torrejón lideraba ese grupo de mujeres que habían decidido programáticamente intervenir desde el vestido. Componían con ropa usada trajes para intervenir en fiestas privadas e inauguraciones de muestras; diseñaban vestidos negros para que artistas plásticos los pinten”. Además mencionó el aporte del artista Sergio De Loof y el colectivo que lideró: Genios Pobres. “Hicieron de la pobreza un discurso, una estética. Recuperaban elementos de descarte y los convertían en diseño. De Loof decía ´a mí la pobreza me hizo ser el vanguardista que soy´. Eso es algo muy del diseño argentino: cuando la escasez o la precariedad podía ser una limitación, en todos estos espacios se convertía en la potencia para crear ropa, estéticas y gráfica de avanzada, que se anticiparon a un montón de las cosas que vamos a ver décadas después”. En el cierre sostuvo la importancia de recuperar diseños y prácticas del vestir que puedan pensarse desde lo placentero y festivo. “En eso hay una apuesta de reivindicar nuestro derecho al placer, a poder ser felices incluso en los peores momentos”.

Luego disertó Lorena Pérez. Su exposición se centró en el movimiento de diseño de autor. “Tiene un momento fundacional en el inicio de este siglo, si bien son todos profesionales que venían de las décadas anteriores, que se habían relacionado con el grupo de los Genios Pobres. Pienso en Martín Churba que ve el desfile de Andrés Baño en la Primera Bienal de Arte Joven en 1989 y decide que va a ser diseñador de indumentaria; o Mariano Toledo que dijo ´yo quiero estar en la próxima Bienal y se termina dedicando también a eso”.

Abordó la creación del circuito que realizaron en el barrio de Palermo, la llegada a BAFWeek y el manifiesto que lanzaron en el año 2006 en el que decían “Nosotros incorporamos el diseño en la vida cotidiana”. “Es un grupo grande y talentoso con una idea de producir de manera distinta a lo establecido y de trabajar sin seguir las tendencias globales sino pensando en una expresión personal”. También abordó las dificultades con las que los diseñadores han tenido que lidiar y relató las experiencias de algunos como Cora Groppo y Mariano Toledo. “Es un movimiento que sigue activo; siguen trabajando con la misma lógica y se van adaptando a los momentos y las crisis”.

“Yo estuve en todas las épocas”, dijo entre risas Vero Ivaldi en el comienzo de su exposición. Comenzó hablando de la casa en la que se crió, con un padre sastre y una madre modista, profesora de sombrerería y moldería. Luego relató su pasó por la carrera de ingeniería química, su experiencia en la UBA cuando estudió diseño de indumentaria, su trabajo como vestuarista de la banda Los Brujos y sus inicios como diseñadora. “Siempre consideré que lo que hacíamos era una utopía; creer en ellas y luchar es parte de lo que nos mantiene vivos. Cuando empezamos éramos rebeldes, creíamos realmente que podíamos ser John Galliano”.

Continuó narrando el proceso de creación y el disparador de algunas de sus colecciones. “Mi hermana es ocho años más grande que yo. Tenía el recuerdo de que mi papá se enojaba mucho si ella salía; era la época de la dictadura. Todo eso lo procesé cuando crecí. Mi segunda colección se llamó Proceso 02. Trabajé con distintos tipos de plisados; la paleta era blanca, roja, marrón y tenía manchas que parecían ser de sangre hechas con una textura. El desfile empezó con un discurso de Videla. Yo necesitaba contar eso que era parte de lo que tenía adentro”. Sostuvo que ella no hace ropa ni moda sino que diseña objetos portantes pensados a partir de la funcionalidad y ergonomía. “Cuando el cuerpo se mueve, esas prendas hablan. Eso es lo que siento cuando estoy creando una colección”.

La charla se realizó en la Casa Fundación Medifé. Quienes asistieron además pudieron ver una cápsula de exhibición de vidriera con una serie de objetos que, de acuerdo a sus curadores, “vibran entre sí y proponen pensar acerca de la promesa de la felicidad evidenciada en el diseño de los objetos que nos rodean”. La selección incluía el sillón placentero de Diego Battista, el oso Cementoso del Grupo Bondi, un vestido de la serie Bitácora del duelo de Vero Ivaldi, folletería de Freddy Larrosa para Age Of Communication, packagings de Alejandro Ross para boliches, álbumes de campañas hechas por la firma trosmanchurba y tapas de Alejandro Ros para Página 12.

Texto por Federico Ferrari Sánchez. Fotografías: Diego Gómez.