Una minaudière en ropero ajeno

Encuentro ineludible el tiempo si escribo sobre la noción de estilo. Heredamos algunos modos, mientras anhelamos adquirir otros. El vestir en primera persona implica querer verse de una manera, cambiar de idea, volver a empezar, insistir, tener básicos, olvidarlos, recuperarlos y así. Mientras revolvía los armarios de mi abuela me pregunté: ¿qué es propio? Y con esa excusa me llevé una precisa (preciosa) minaudière negra.


Dos amplios roperos, una estantería y revistas. En la siesta santafesina, a principios de los noventa, pasaba el tiempo revisando la ropa que (aún) conserva mi abuela. Era un estricto ejercicio lúdico, revisaba, desordenaba y acomodaba. Muy eventualmente vestía pero en más de una ocasión me llevaba un par de aros, un pañuelo, una cartera. Volví a mirar pero desde la adultez, desde cierta noción de estilo propio, con ideas más claras de qué me encanta vestir.

Abrí un cajón buscando un pedido concreto pero tres impecables cajas llamaron a la tentación y una vez desenvueltas pregunté. Encontré tres minaudière en impecable estado de conservación. Al ser de celebración, según su dueña, fueron utilizadas en casos excepcionales. Minaudière es un término francés que se utiliza para nombrar diminutos compartimientos (cercanos a un elemento de joyería) donde llevar lo estrictamente imprescindible. Y con eso me refiero básicamente a las llaves. Porque no entra absolutamente nada.

Sin correa, de líneas geométricas, con calculados compartimientos en el interior, la minaudière apareció en los años 30. Sin mucha evidencia disponible, varios libros señalan creadora a la firma francesa Van Cleef & Arpels, fundada precisamente por Alfred Van Cleef y Salomon ArpelsAl caso, probablemente mis tres (apropiados) ejemplares arribaron a las tiendas santafesinas en los 40, se lucieron en contadas ocasiones y ahora esperan por la próxima salida. Son objetos para coleccionar, poco funcionales para los tiempos que corren pero me voy a hacer de la ocasión. Porque el estilo también se construye a través de quienes nos rodean, de amores, de tiempo.

Una pulsera, un prendedor, esa chalina, aquél sombrero. En nuestro ropero se acumulan objetos que encierran historias, son herencia con potencia de detalle personal. Únicos …  como el estilo.