Tully: Diablo Cody y la escritura como un viaje de ida

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Llegó a las carteleras Tully, la última película escrita por Diablo Cody, y la usamos como excusa para escribir sobre una de las (pocas) guionistas más reconocidas de la actualidad.

Ahora que estamos en una época en la que la igualdad de género se encuentra en foco y discusión constante, y sale a la luz el lugar poco privilegiado que la mujer ha tenido en muchas ramas y por lo tanto en el cine, detrás de las cámaras, no son sólo las directoras las que tienen que pelear por hacerse un lugar en festivales o para tener la posibilidad de dirigir superproducciones, sino que también ahí, escondidas, están las guionistas. Las que arman el esqueleto de lo que será después una película. Seguramente, si se ponen a pensar en guionistas mujeres no se les vendrán a la cabeza muchos nombres (eso que han estado escribiendo desde el principio del cine como narración), al menos no sin contar aquellas que escriben y dirigen, como Sofia Coppola, Jane Campion o Lucrecia Martel.

Uno de los ejemplos más recientes de mujeres que han logrado visibilizarse trabajando desde el escondido lugar del guionista, es Diablo Cody. Si bien ya había logrado cierto reconocimiento después de su libro de memorias, Candy Girl, donde escribía sus experiencias como stripper (un trabajo del cual no reniega y al cual afirmó que volvería sin problemas si dejaran de pagarle como escritora), saltó a los focos tras escribir su primer largometraje que sería dirigido por Jason Reitman. Hablamos de Juno, aquella película sobre una adolescente (Ellen Page) que queda embarazada después de su primera vez y mientras reflexiona qué hacer con ese hijo termina dándolo en adopción a una mujer que desea ser madre  y no lo lograba. En el medio, Diablo exponía temáticas todavía no lo suficientemente abordadas como el aborto, cuando la joven decide que no quiere tenerlo y sólo se encuentra posiciones en su contra que la hacen sentir mal por el simple hecho de decidir qué hacer con su cuerpo. Con esta película, un retrato fresco, divertido y tierno, ganó el Oscar a Mejor Guión Original.

Después escribiría Jennifer’s body (dirigida por Karyn Kusama) sobre una porrista poseída y trabajaría para televisión con United States of Tara, la serie protagonizada por Toni Collette en la que interpretaba a una mujer con trastorno de personalidad múltiple. Hasta que en 2011 vuelve a armar dupla con Jason Reitman y escribe Young Adult, una película protagonizada por Charlize Theron sobre una mujer treintañera que todavía se comporta bastante como una adolescente. Una escritora de ficción que se divorcia y regresa al pueblo del cual se escapó, allí se encuentra con un ex novio, que ahora está casado y con un bebé, y planea tener un romance con él. La imagen de la chica que logró salir del pueblo y triunfó como escritora se cae a pedazos cuando queda en evidencia que no es más que una chica tratando de entender, sin mucho éxito, cómo funciona el mundo.

Después de haberse dado el lujo de probarse como directora con la inédita Paradise, el próximo guion que firmó fue el de Ricki and the Flash, dirigido por el reconocido Jonathan Demme. Otra mujer inmadura, Meryl Streep como una cantante de pubs que abandonó todo por una carrera musical que nunca despegó del modo que esperaba. Y en eso que dejó atrás quedó su familia, en especial su hija (interpretada por la hija en la vida real de Meryl: Mamie Gummer). Pero recomponer esa relación parece tarea difícil después de una ausencia tan larga.

Luego de volver a trabajar en televisión y crear la serie One Mississippi, el cine la encuentra reunida por tercera vez con Jason Reitman. Tully, la película que ya se encuentra en nuestras carteleras de cine, está, como Young Adult, protagonizada por Charlize Theron ahora como una madre a punto de tener su tercer hijo y también a punto de estallar tras el estrés que ser madre y todas sus responsabilidades le provocan.

En Tully, la guionista oriunda de Chicago nos enfrenta ante un retrato tan poderoso como visceral sobre lo que es ser madre. Con dos hijos pequeños (y uno con un trastorno de atención que complica muchas situaciones normales) y tras la inminente llegada del tercero, Marlo se siente sola llevando adelante la familia. Aunque su marido esté presente y parezca tener siempre las mejores intenciones, lo cierto es que si no está de viaje pasa más tiempo jugando con la play que haciendo de padre, dando por sentado que para eso ahí está Marlo. Ella no puede tolerar sentirse tan sola y sin una pizca de solidaridad, de su marido, de la escuela que pretende desligarse de su hijo problemático, de su hermano que con su vida llena de comodidades hace que ser padres parezca algo tan sencillo. Y si bien en principio se niega, ya agotada termina aceptando el regalo de una especie de niñera nocturna, una joven que se encarga de cuidar al recién nacido para que ella pueda dormir. Así aparece Tully (Mackenzie Davis), una veinteañera que cree llevarse la vida por delante así como ella misma lo creía antes de cumplir treinta y antes de convertirse en madre. Mientras Marlo parece mejorar, sentirse más segura con ella misma, también comienza a enfrentarse con quién era, quién es y quién, probablemente, termine siendo. Porque si no se cuida ella misma, no la va a cuidar nadie.

Tully es un sólido drama que se presenta como un retrato distinto, y al mismo tiempo mucho más realista, sobre la maternidad. Honesto, emotivo, visceral y, por lo tanto, doloroso. Diablo Cody escribe quizás su película más madura, un film que logra sorprender no así por sus revelaciones finales, sino por cómo está construido, con mucho cuidado, tanto a nivel trama como a nivel personajes. Logra volcar acá mucha sabiduría incluso a través de sus diálogos (diálogos como siempre muy precisos, ingeniosos y filosos).

El rol de la maternidad, la madurez que no llega siempre en el momento que se suponía (quizás demasiado rápido y a la fuerza como en Juno, quizás más tarde como en Young Adult): diferentes formas que encontró Diablo para explorar el mundo femenino de una manera distinta y mucho más cercana a la realidad que lo que sugiere gran parte del cine todavía. Y con Tully tenemos la oportunidad de disfrutar una de esas películas que no te dejan indiferente, que se van con uno al salir de la sala y que sin dudas está entre lo más rico que se encuentra en la actualidad en nuestras carteleras.