Quiero tu sweater o cómo ser una chica tomboy

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Lo ví y supe que lo quería. Entré y pregunté por él. Apenas terminé de esbozar el pedido entendí que no era comprendida. “¿Pero para quién es? ¿Sabes SU talle?” contestó algo confundido.

Entre trajes y camisas encontré lo que buscaba. Ingresé a New Style, tienda tradicional santafesina y pedí el sweater en tonos azules y celestes, de rombos, con cuello en v que quería. Pero no, no me entendía. El vendedor daba por supuesto que era para alguien más, la opción femenina no era tal. En mis propios códigos de estilo, vestir una prenda masculina no implica excepción alguna. Me agrada la idea de llevar sobre el cuerpo ropa masculina, esa que cae un poco más de la cuenta, y aunque no marque sea capaz de seducir.

Entonces entró en escena. Creo que notó inmediatamente que no nos entendíamos y me preguntó que estaba buscando. Lo miré y le contesté: tu sweater pero en mi talle, uno o dos menos creo va a estar bien. Sonrió y fue por mi pedido. ¿Era necesario que llevará JUSTO el mismo?

Archivo - New Style

New Style

New Style ocupa la esquina entre San Martín y Salta, en la peatonal de la políticamente correcta ciudad de Santa Fe. Hacia 1909, Salvador Elías Chemes (inmigrante proveniente del Líbano) fundó la casa de indumentaria masculina, comercializando líneas clásicas originarias de Inglaterra que hoy se producen en nuestro país. Allí mis hermanos obtuvieron su primer traje, la tradición así lo indicaba al tomar la primera comunión. Recuerdo la ceremonia; el sastre, las medidas, las pruebas. Yo me conformaba con algún par de acordonados.

La confianza en el tiempo, el dinero propio y cierto desprejuicio me permiten hoy vestir prendas masculinas, incluso llevar en más de una ocasión mi traje (rosado). La propuesta de Coco y el consecuente emporio Chanel, la magnética sensualidad de Bianca Jagger vistiendo YSL al contraer matrimonio con Mick Jagger, Diane Keaton usando su armario de vestuario en “Annie Hall”, Alexa Chung en alguna reciente edición de Glastonbury: sobran mujeres llevando con estilo las prendas de él. Creo que la cadencia se encuentra en el modo de llevarlas. No me interesa la distinción sino la prenda sobre mí, el movimiento que puedo imprimirle.

“Tenemos que salir combinados” me dice cómplice mientras yo estoy frente al espejo.

“Lo llevó”.