Oda a los festivales

AlexaGlasto

Hay algo que me atrae mucho de los festivales de música y es que cada persona que asiste puede disfrutar a su manera. Adelante de todo, apretado entre las masas y lo más cerca posible de tu artista favorito. En el medio, bailando, saltando y disfrutando. Atrás, moviéndose al ritmo o sentado en el piso admirando el show desde lejos.

Se forma una atmósfera de comunidad que nunca experimenté en ningún otro tipo de evento. Es algo único y que todavía no puedo procesar cada vez que estoy en un festival. Dos o tres días (cuatro si tenés suerte) donde miles y miles de personas experimentan música de una forma única.

Yo siempre lo considero como unas mini-vacaciones. Salir de la rutina, vestirte para la ocasión, ir a un lugar nuevo, ver a tus bandas favoritas, conocer artistas nuevos, experimentar una especie de libertad. Libertad de bailar, cantar, saltar, disfrutar, conocer gente nueva y también, de vestirte como quieras.

Los festivales son el lugar perfecto para mostrar tu estilo o llevarlo más allá. De portar esas prendas que por ahí en el día a día no te animás, de maquillarte también un poco más, de estar cómoda, de estar linda, de llamar la atención o no.

Es donde podemos jugar a ser Alexa Chung en Glastonbury con sus vestidos y sus famosas ‘wellys’ (botas de lluvia) o Beyoncé en Coachella, con sus sombreros y lentes de sol espejados.

Vestidos, camisas, flores en el pelo, trenzas, anteojos, gorras, mochilas, botas, zapatillas embarradas, estampadas llamativas, maquillaje de colores. Todo se puede en los festivales.