El tiempo de Quier

¿Y por qué? Le consultamos a la diseñadora rosarina Silvia Querede sobre el oficio y el hacer detrás de Quier. Aquí sus apuntes.

 


 

El diseño siempre es un significante potente, una herramienta fenomenal para mejorar la vida de las personas. Claro que hoy puedo decirlo así, al principio no me daba cuenta que lo que me gustaba hacer se llamaba diseño. Exploraba por terrenos desconocidos mientras iba aprendiendo el proceso de proyectar.  Estudiar arquitectura le puso nombre a las cosas.

Caminé por los pasillos del viejo edificio asistiendo a sus talleres y a sus tribunas, con maestros inolvidables y correcciones de tablero, en donde hice vínculos entrañables. Seguramente allí se inició lo que mucho después se llamaría Quier.

Quier es la consecuencia exacta de un largo camino de búsqueda. Es un encuentro oportuno con Noelí, mi socia y amiga. Siempre decimos que la construcción más lograda de Quier es el diálogo sostenido que mantenemos sobre diseño y el vínculo profundo de respeto y colaboración que se forjó alrededor. Cada decisión que tomamos es consensuada; sea por la colección, por la campaña, por la compra de un textil, priorizando nuestra filosofía, la manera sustentable de cuidar a las personas con las que trabajamos y las cosas que fuimos logrando.

Quier - Fotografía: Juan Antonio Papagni Meca

Quier – Fotografía: Juan Antonio Papagni Meca

La identidad de Quier está muy vinculada a nuestra cultura familiar, increíblemente coincidente: una infancia pueblerina, la educación católica, cuestionamientos y resistencia a lo aprendido, el gusto por la ropa, por el detrás de escena, por el oficio.

La moda lenta (slow fashion) es el modo que elegimos para llevar adelante la producción de Quier. Provengo de familia textilera que marcó con un rasgo indeleble mis decisiones de vida. El que me doliera el maltrato en los talleres de costura que visité junto a mi madre y el respeto por los oficios artesanales de alguna manera nos determinaron hacia la llamada moda ética, una mirada que interpela esta realidad que conozco desde temprano.

Antes no tenía nombre, hoy la mencionamos como moda rápida cada vez que nos escandaliza el naturalizado “modus operandi” de hacer mucho y barato porque cada segundo tiene un costo que necesita ser cubierto -a veces a un alto precio-, generalmente el humano.

La moda como vara disciplinadora y constructora de categorías es una práctica que no nos conmueve para nada como forma de expresión. No nos gusta el espectáculo de la moda, no nos gustan las estridencias ni los ajustes excesivos, ese cierto manierismo que busca cosificar a la mujer.

Nuestro trabajo está forjado sobre estas premisas silenciosas. Simplemente vamos por otro lado, buscando señales de glorias pasadas que quedan impregnadas en la ropa, vida vivida dentro de esos objetos que revisitamos en nuestras investigaciones. Vamos por los bordes.

En estos tiempos del branding personal no se nos hace sencillo hablar de lo que hacemos. Porque para nosotros el trabajo es tarea de equipo y se trata de una combinatoria más compleja que una decisión personal. Entendemos también, que estar instalados en Rosario –un poco alejados del mainstream- tiene un costo que sostenemos y desde aquí vamos con nuestro pequeño aporte.

Quier – Fotografía: Juan Antonio Papagni Meca

Hace un tiempo cuando me preguntaron por los recursos y técnicas que usamos en Quier, decidí expresarlo a partir de 3 plataformas de interés constante: la prenda, el espacio, y el material. Hoy siguen vigentes aquellas reflexiones y nuestra búsqueda es la coherencia sobre las premisas iniciales. Pasaron unos años desde entonces y en el tiempo tomamos unas cuantas decisiones.

La decisión de desarrollarnos en el plano de la sustentabilidad; con nuestros recursos, desde la posibilidad que nuestra circunstancia potencia.

La decisión de construir la empresa; cuando miramos para atrás reconocemos la huella, nos repreguntamos por los objetivos y decidimos ir por más. Es una decisión que necesitó valentía. Incómoda, porque implica obligaciones constantes, desafíos nuevos y la disponibilidad a tomar riesgos. Se trata de una decisión con un cotidiano que nos desplazó del lugar romántico del principio mensurando la intervención de cada cosa, aprendiendo el oficio de equilibrista, diseñando la vinculación con el cliente, el espacio en donde lo recibimos y el encuentro con la calidez y atención que merece.

Diseñando la comunicación, nuestra manera de estar en las redes, el nexo que queremos con el medio junto con la obligación de compartir lo que nos fue facilitado manteniendo coherencia y compromiso con nuestras ideas.

Así es que las colecciones se fueron sucediendo y en el análisis encontramos rasgos persistentes que se transformaron, que fueron necesitando menos, que se tornaron mas limpios…un camino a la síntesis que se trazó desde una biblioteca viva compuesta de experiencias y laboratorio. Prueba y error.

Hoy estamos más cerca de quien quiere vestir Quier, menos apurados, mas reflexivos. Pudimos construir otro tempo y nuestro estudio es el lugar donde germina. La cuenta nos cierra bien: disfrute, experiencias y celebración con el cliente en un vínculo ético sutil honrando hasta la reverencia a la profesión y a este oficio. Brindamos por eso. ¡Salud!