Crocs de Balenciaga

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Mientras que de la multiplicación de cifras negativas resulta siempre una positiva, en la moda, en cambio, la acumulación de fealdades no produce otra cosa que una monstruosidad superior. Acaba de demostrarlo Demna Gvasalia en el desfile de su más reciente colección para Balenciaga. Allí, el calzado que acompañaba a los ya de por sí dudosos vestidos de noche del pasaje final era un alarmante zapatón, a la vez pueril y pecador, constituido de un perfil de zuecos Croc sobre unas robustas plataformas de 10 cm. El todo de caucho moldeado, por supuesto. En tonos ácidos de verde, rosa, amarillo, o gris.  Y, como si tanto no bastara, aplicados sobre el empeine, toda una serie de souvenirs kitsch-rosas, banderas, y emojis varios-, de plástico naturalmente. El culto de la fealdad entendida como ápice de lo cool, hoy muy repandido, tiene sin duda, en Gvasalia a su practicante mayor.  Lo cual, claro, no nos lleva al aplauso. Ni siquiera, tampoco,  a morirnos de risa.